lunes, 28 de julio de 2008

POETA SIN CABEZA: AIRADO VERBO POR PAUL GUILLÉN



Espejo de piedra
Donde se asoma largamente
El poeta sin cabeza

Juan José Soto


Qué alejada la poesía de los contubernios, de las carreras literarias, de los favores condicionados, de los estrados, qué oscuros intereses son los que determinan la resonancia de cierto concierto de voces, porque sólo conocemos/ leemos ciertos poetas, porque en nuestros países, en el mundo, siempre existen esas voces secretas, silenciadas por el sistema, expulsadas hacia los márgenes, relegadas por seguridades económicas de todo tipo, qué alejados de esas escaramuzas se sienten los verdaderos poetas, no me imagino a Nerval, Lautréamont, Trakl, Attila József haciendo carrera literaria. Por eso Airado verbo de Juan José Soto, es una lucha por el espíritu y contra la razón, es lógico que sus recorridos se instalen desde una oposición “metafísica” en contra de una sociedad que infesta con su estupidez el espíritu de los hombres libres. Estos poemas son una lucha por la poesía que respiramos todos los días: imágenes oníricas, actitud órfica frente al lenguaje y el dolor como una iteración constante. Estos poemas están en contra de esos perniciosos que vienen diciendo que la poesía como lenguaje iniciático ha perdido todo tipo de conexión con los arquetipos primordiales que constituyen al ser. Por ello Airado verbo trata de recobrar estos símbolos y transita la calle frágil del ser como un ave fénix del verbo.


Paul Guillén




Paul Guillén (Ica, 1976). Estudió literatura en la Universidad de San Marcos. Publicó los libros de poemas: La muerte del hombre amarrillo (2004) y La transformación de los metales (2005). Realizó las antologías Gesto de Julia Ferrer (2004, en co-autoría con Renato Gómez) y 33 poetas del 70 (2005). Actualmente, forma parte del consejo editorial de El billar de Lucrecia (México) y dirige el blog, revista virtual y editorial Sol negro.

"AIRADO VERBO" POR LUIS FERNANDO CHUECA

¿Qué busca la palabra que se sabe herida? En un escenario de roturas y de ausencias, de pérdidas, memoria de vasto dolor que troza la propia imagen y amenaza incluso con disolver la noción misma de historia de lo humano, la voz del poeta se enfrenta a su sino y pugna por seguir: por desatar, a través del verbo que la vislumbre, la verdadera existencia: libertad y amor, a plenitud.

Pero la lucha es ardua pues son más las pérdidas innombrables, los epitafios en cada lágrima que acrecientan su dimensión y parecieran capturar toda voluntad de persistencia. La vida (la de uno, la de todos) se ofrece limitada y esmerada en entregar cada vez menos. Y no es posible hallar, entonces, ni aquella palabra / que bastaba para salvarnos.

Tiempos turbios, de sequedades, de hastíos, de muñones de sueños. Tiempos que se dibujan como un multitudinario espejo de sombras que solo ofrece su negrura abisal, su vacío rostro y el eco de parapléjicos cráneos como casi único y reiterado sonido.

Por eso Juan José Soto nos entrega su airado verbo. Airado: erguido como un impetuoso latido del amanecer. Dispuesto, entonces, a alcanzar aquella palabra que –en las grietas, al borde mismo de los abismos, desde la consistencia fracturada de su propio lenguaje, desde la desgarradura misma que lo asfixia– se rebele y revele así la plenitud posible. Que recupere lo digno frente a la indignidad de la febril orilla de osamentas como único paisaje.

Por ello busca el poeta que sea encendido rayo cada verso / en el naufragio de la noche. Enfrenta, así, la imposibilidad fundamental de la palabra, aquella que ha marcado tanto la conciencia desolada de nuestra poesía contemporánea. Afronta de este modo la sensación de desgarradura insalvable y definitiva para tornarla ardiente voz de hoguera.

Y en el curso esa tenaz pretensión, el amor representado. En el último poema del conjunto la mujer convocada se hace cifra y anuncio a partir de la mención explícita de su nombre: Nora /…/ agitas la quietud de los recodos / y la sangre imperturbable del guerrero. Así, las voces del poeta protagonista de estas páginas y su amada quedan entrelazadas como queriendo perpetuarse; y con ellas, como ola ardiente / en la garganta del desierto / bramando sin fin, la puerta que este airado verbo deja abierta: nuestra posibilidad para acercarnos a la visión que este libro nos ofrece. Una invocación de eternidad / El estruendo de una palabra / En la heredad de un segundo.

Lima, 2 de mayo de 2008


Luis Fernando Chueca (Lima, 1965). Poeta y ensayista. Es catedrático e investigador de las universidades Católica y de Lima. Es autor de los poemarios Rincones. Anatomía del tormento (Colmillo Blanco, 1991), Animales de la casa (Asaltoalcielo, 1996), Ritos funerarios (Colmillo Blanco, 1998) y Contemplación de los cuerpos (Estruendomudo, 2005). Es editor de "odumodneurtse!" Periódico de poesía.

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